El día que presenté al ministro Pedro Sánchez con el presidente de España, Pedro Sánchez
por Gustavo Castro Caycedo
Pasaron muchas semanas desde cuando pensé que por razones políticas o diplomáticas, o porque siendo dos hombres públicos homónimos, alguna vez hubieran presentado al presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez Pérez Castejón, y al bogotano Pedro Sánchez Suárez, ministro de Defensa de Colombia,
O por ser personajes de naciones con fuertes vínculos históricos, muy conocidos porque han sido protagonistas de noticias mundiales, por situaciones muy distintas.
Hay muchas coincidencias entre ellos; por ejemplo, nacieron en 1972 apenas con cuatro meses y seis días de diferencia. El presidente el 29 de febrero, y el ministro, el 6 de julio. No solo son “tocayos”, además, tienen un notorio parecido físico.
Una buena noche pensando en el tema, decidí tomar la iniciativa e intentar que los dos Pedro Sánchez se conocieran. Me dije a mi mismo: ¡Qué carajo, yo lo voy a hacer posible! No me motivaban sus idas ni sus posiciones políticas, pero me parecía algo original e interesante. Suponía que el ministro Sánchez, siendo civil ya debía tener preferencia por algún partido, pero tampoco era de mi interés.
Intenté varias formas de contacto, y cuando veía la posibilidad de hacerlo a través de Gloria Luz Gutiérrez, líder de la famosa tertulia literaria que lleva su nombre, y que tiene acceso al Embajador de España en Colombia, Don Santiago Jiménez Martín, y lograr un puente para llegar al presidente Sánchez, encontré otra salida.
Había hecho varias “maromas”, hasta que por fin logré el contacto que me permitiría presentar a los dos Pedros Sánchez. La noche anterior casi no puedo dormir pensando en cómo los presentaría, qué les preguntaría y cómo transcurriría el encuentro la mañana siguiente en el Palacio de la Moncloa, sede y residencia del madrileño presidente del Gobierno de España. La Moncloa está ubicada en un terreno de 20 hectáreas en el distrito de Moncloa-Aravaca. Llegué allí a la hora exacta de la cita para “coronar” mi fantasía. Fui un testigo privilegiado de su abrazo.
La prensa mundial exaltó el liderazgo del General Pedro Sánchez
Ese martes, antes de calmar mi obsesivo deseo de ver en La Moncloa a los dos Pedros Sánchez, y presentarlos, había estudiado su protagonismo mundial. Entonces, los conocía mejor que muchos periodistas.
El ministro colombiano se volvió famoso por liderar la búsqueda y rescate de los cuatro niños indígenas que sobrevivieron a un accidente aéreo en 2023, misión conocida mundialmente como “Operación Esperanza”, en la selva amazónica.
El 1° de mayo de 2023, una avioneta se accidentó en la selva entre Caquetá. Y Guaviare con cuatro hermanitos indígenas a bordo Lesly Mucutuy, de 13 años; Soleiny de 9, Tien Noriel Mucutuy de 4 y Cristin Neriman Mucutuy, de 11 meses. El hallazgo de los niños el 1 de junio de 2023 fue un milagro de supervivencia.
Tras el accidente, los niños huitotos lograron sobrevivir solos durante 40 días en la selva amazónica, uno de los entornos más difíciles del planeta. El general Pedro Sánchez tuvo mucho que ver en su salvación milagrosa. Su papel incluyó: coordinar centenares de militares y rescatistas desplegados en la selva; integrar unidades del Ejército, la Fuerza Aérea y comunidades indígenas; dirigir el uso de helicópteros, sensores, rastreadores y equipos de selva; mantener la operación activa durante más de un mes de búsqueda. El general Sánchez destacó: “La misión combinó tecnología militar con sabiduría indígena”.
La historia se volvió noticia mundial que exaltó el liderazgo del general Pedro Sánchez, quien relató cómo fue paso a paso la “Operación Esperanza”, y la historia increíble de cómo la niña mayor de los Mucutuy, los mantuvo vivos en la selva.
Los medios internacionales registraron y exaltaron al general Pedro Sánchez en sus reportajes sobre el rescate en la Amazonía. Lo calificaron como uno de los más extraordinarios del mundo, comparándolo con operaciones famosas como la de los mineros de Chile y la Operación Jaque, también realizada en Colombia.

“Hicimos lo necesario para hacer posible lo imposible”
Los que siguen son solo una muestra de cientos de reportajes y crónicas con que se informó al mundo sobre el rescate de los niños indígenas, y la consagración al general Pedro Sánchez: Le Monde, de Francia, uno de los diarios más influyentes de Europa, tituló: “Miracle dans la jungle”. (Milagro en la jungla), y destacó al general Sánchez como líder de la operación y su papel al frente de las fuerzas especiales. El, Dijo: “Hicimos lo necesario para hacer posible lo imposible.” El artículo explicó cómo Sánchez comandó las fuerzas especiales para encontrar a los niños.
El País, de España, publicó una extensa entrevista y un reportaje, centrados en el general explicando cómo se organizó la operación Algunas frases resaltadas, fueron: “Los niños desaparecidos en la selva están vivos” … “Los niños no habrían sobrevivido otra semana en la jungla.” El diario describió a Pedro Sánchez como el comandante de las fuerzas especiales encargado de liderar la búsqueda.
NDTV, la Agencia AFP y RTE News, de Irlanda, publicaron reportajes sobre la operación y destacaron el papel del general, de los comandos y de los indígenas voluntarios colombianos. Subrayó que la misión fue una combinación de “arte militar y conocimiento indígena”, citando a Pedro Sánchez, como líder del operativo.
La Agencia Associated Press, como muchísimos medios reprodujeron cables internacionales fueron explícitos en que “el general Sánchez comandó del milagroso rescate, ‘Operación Esperanza’, tras 40 días de titánica búsqueda en la selva”.
Titulares de la BBC, The New York Times, CNN, Reuters, traducidos al español, repitieron: “Niños encontrados con vida tras 40 días perdidos en la selva amazónica”, “Colombia celebra un rescate milagroso”, “El General héroe dijo: Hicimos lo necesario para hacer posible lo imposible”.
El presidente Pedro Sánchez cerró bases aéreas a EE. UU.
El presidente español, participó en septiembre de 2025, en el 80º período de sesiones de la Asamblea General de la ONU, en Nueva York, se había reunido con el secretario de Defensa de Estados Unidos, para hablar sobre “cooperación en temas de defensa de los dos gobiernos”. Pero el 2 de marzo de 2026, ante el conflicto americano-israelí con Irán, el gobierno español de Pedro Sánchez prohibió a Estados Unidos utilizar las bases militares de Rota (Cádiz), y Morón (Sevilla), para lanzar ataques o realizar operaciones ofensivas contra Irán, por considerarla una «acción unilateral contraria al derecho internacional”. Fue noticia mundial.
Las bases afectadas son Rota (Cádiz) y Morón (Sevilla), instalaciones usadas conjuntamente por EE. UU. y España. Y dijo: “las bases solo pueden usarse según el acuerdo bilateral y con respaldo del derecho internacional o de la ONU”.
En su momento fue una voz europea solitaria. Se dijo que era una posición de izquierda. Pero luego, Francia denegó los permisos de sobrevuelo a aviones que transporten suministros militares para la guerra contra Irán. Suiza rechazó solicitudes de sobrevuelo para aviones militares de EE. UU. basándose en su política de neutralidad. Austria también negó el uso de su espacio aéreo y Alemania, aunque permite el uso de la base de Ramstein, para coordinación, “ha negado la participación directa y restringe el uso para ofensivas no consultadas”.
Como consecuencia de la prohibición de Pedro Sánchez, 15 naves de combate estadounidenses (incluso aviones de reabastecimiento) abandonaron las bases españolas. Sánchez argumentó con un «No a la guerra», y abogando por una solución diplomática para evitar un conflicto más devastador en Oriente Medio. Esto provocó una crisis diplomática con el gobierno de Donald Trump, quien calificó la decisión de «terrible» y amenazó con posibles represalias comerciales o embargos.
Aunque existen convenios de defensa bilaterales, España sostiene que “cualquier uso de las bases para misiones que no sean de la OTAN o que no tengan respaldo internacional, requiere el consentimiento expreso del Ejecutivo español”.
El ministro de Defensa colombiano también había tenido un acercamiento con el secretario de Defensa de Estados Unidos, en Tampa, Florida, en mayo de 2025, Y volvió a reunirse con él y con otras autoridades en enero de 2026, en Washington, con un fin similar. Eso fue también tema para la entrevista con los dos Pedros.
El objetivo del ministro y del presidente español con el secretario de Defensa, fue: “Fortalecer la cooperación en seguridad de España y de Colombia con los Estados Unidos”. Y, en el caso colombiano, además, “combatir el narcotráfico”. CNN Mundo informó: «La mayoría de los líderes europeos han caminado por una delgada línea entre ofrecer un apoyo limitado a la acción militar de EE. UU contra Irán y advertir sobre una conflagración regional.
El presidente del gobierno español ha sido franco en su crítica a los ataques estadounidenses, provocando la ira y amenazas de la Casa Blanca. España fue el primer país occidental que criticó la intervención, defendiendo la idea de “no a la guerra” y pidiendo soluciones diplomáticas, lo cual le causó una tensión diplomática con Estados Unidos que se convirtió en una crisis política entre las dos naciones. Aunque el presidente Donald Trump mencionó represalias comerciales contra España, no se generaron.
La postura del presidente generó inicialmente una división política en España. Sectores de izquierda apoyaron su “no a la guerra”. Los partidos conservadores “criticaron que España se distanciara de Estados Unidos y de la OTAN en plena crisis”. Pero luego, la definición de otros países europeos contra los bombardeos, especialmente la del gobierno derechista de Italia, amainó el debate.
La imagen pública de los Pedros Sánchez en España y en Colombia es muy distinta, no solo por sus cargos, sino por el clima político y social de cada país. El presidente se caracteriza por mensajes claros, comunica políticamente. Por una franqueza calculada, sortea hábilmente crisis políticas y sociales. El cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario es su eje internacional. Es duro frente a la derecha. Genera adhesiones y rechazos intensos. Es actor central del debate.
El ministro Sánchez es un gestor institucional, más observado por élites políticas, militares, de militares retirados, ONG y de analistas que por el ciudadano común. Se proyecta y comunica técnicamente; sortea crisis armadas y de seguridad. Tiene perfil de técnico, serio y sobrio. Es un ministro respetado, pero no popular.
Tiene una valoración positiva por insistir en derechos humanos. Es visto como un puente entre las Fuerzas Armadas, el gobierno y la comunidad internacional. Aparece públicamente cuando es necesario. Algunos lo consideran muy académico o poco enérgico. y hay quienes esperan de él una respuesta militar más dura. Tiene menos opinión, más registro informativo sobre decisiones operativas y debates de derechos humanos, y menor protagonismo en redes.

El diálogo de los dos Pedros, con tono íntimo y amigable, me dejó ver que congeniaron.
Estuve frente al presidente y al ministro, no como “interrogador”, sino como quien escucha, reflexiona y hasta duda. El que sigue, es su intercambio de ideas.
Así reaccionó el presidente: “ Nunca pensé que coincidiría con alguien que llevara mi mismo nombre y, además, ocupara un cargo de tanta responsabilidad en Colombia. Conversar con el Pedro colombiano fue como mirarme en un espejo deformado por la geografía y la historia. Hablamos de gobernar en medio de la polarización, de tomar decisiones sabiendo que nunca serán suficientes para todos. Me recordó que el poder, más que un privilegio, es una carga constante”.
El ministro anotó: “Conocer al presidente del Gobierno de España con mi mismo nombre fue curioso y, a la vez, revelador. Él habla de consensos parlamentarios; yo pienso en territorios, seguridad y vidas en riesgo. pero, coincidimos en algo esencial: el liderazgo se mide más por la capacidad de escuchar que por la de mandar. Me sorprendió cuánto pueden parecerse los dilemas en contextos tan distintos”.
El presidente dijo: “Hoy reflexioné sobre lo que significa defender la democracia. Para mí suele ser una lucha institucional, de leyes y acuerdos. Para él, a veces es una cuestión literal de vida o muerte. Esa conversación me hizo valorar la estabilidad que a menudo damos por sentada. Gobernar también es aprender de otras realidades, aunque estén al otro lado del océano”.
El ministro expresó: “Escucharlo hablar de memoria histórica y cohesión social me hizo pensar en nuestro propio camino. España y Colombia cargan heridas distintas, pero ambas buscan cerrar ciclos sin olvidar. Quizá por eso esta coincidencia de nombres no es solo una anécdota, sino una excusa para recordar que el poder debería servir, ante todo, para proteger a la gente.
Esa mañana La Moncloa le oí al presidente Sánchez: “Hay conversaciones que no se olvidan porque no buscan impresionar. Con él ministro no siento la necesidad de justificar nada. Tal vez porque él sabe lo que pesa firmar algo que otros solo leerán en titulares. Hoy hablamos menos de política y más de cansancio. Del miedo silencioso a equivocarse. Le confesé algo que casi nunca digo: a veces temo que el futuro nos juzgue con una dureza que el presente no alcanza a comprender”.
El ministro dijo: “Me pasa igual. El cargo no deja dormir, pero tampoco quejarse. Conectar con alguien que no necesita que le explique ha sido un alivio inesperado. Le hablé al presidente de los territorios que casi nunca salen en mapas oficiales, a los que el Estado llega con retraso y esperanza frágil. El me escuchó sin prisa”.
Los observo detenidamente. No son dos hombres ensayando discursos, sino dos personas buscando respuestas. No les pregunto por cifras ni estrategias. Pero les hice una pregunta sencilla, cuando nadie nos escuchaba.
“¿Qué es lo que más les preocupa del futuro de sus países?”
Hubo un silencio amable; hasta cuando el presidente Sánchez respondió: “Me preocupa que la democracia se vuelva costumbre y deje de ser convicción. Que las nuevas generaciones crean que siempre estuvo ahí, intacta, y no entiendan lo frágil que puede ser. Y lo dije sin rodeos, señor periodista. Gobernar no es solo resolver problemas, es evitar que olvidemos por qué importa hacerlo juntos”.
Miré al Pedro colombiano, asentía. No hacía falta más. Expresó: “Me preocupa que la paz se vuelva una palabra vacía. Que se pronuncie en discursos, pero no se sienta en la vida cotidiana. El futuro de Colombia depende de que la gente crea que vivir sin miedo no es una promesa ingenua, sino un derecho posible. Después de decirlo, sentí algo raro: alivio”, anotó.
Yo empecé a entender que este diálogo no es para una gran entrevista, sino un testimonio humano. Les pregunté si alguna vez pensaron en renunciar. El presidente dijo: “¡Claro que lo he pensado! Renunciar no siempre es huir; a veces es reconocer límites. Pero sigo, creo que abandonar tiene consecuencias.
¿Y el ministro? “Yo sigo porque sé que, si no estamos aquí hoy, otros ocuparán ese espacio tal vez sin la misma preocupación por la gente. El poder vacío siempre se llena. Eso no me hace héroe; solo me hace responsable”.
Hasta ahí tenía más de lo que había imaginado. No porque hubiera obtenido respuestas totales, sino porque entendí algo más valioso: el futuro de las naciones no se decide solo en planes de gobierno, también en estas conversaciones invisibles, donde el poder baja la voz y se vuelve humano.
El presidente le dijo al ministro: “Tal vez no volvamos a vernos pronto. Pero saber que, al otro lado del océano, alguien con mi mismo nombre carga dudas parecidas me reconcilia. El futuro sigue siendo incierto, pero hoy no me siento solo”. El ministro Sánchez Suáres, agregó: “Coincidimos en que gobernar es, en el fondo, un acto de fe en la gente. Ojalá dentro de muchos años alguien lea estas páginas imaginarias y piense que, al menos, intentamos estar a la altura.
Al despedirse, hubo un diálogo íntimo y esperanzador
El presidente le dijo en voz baja: “ministro: antes de despedirnos, espero que ojalá volvamos a vernos como personas que siguen intentando entender este tiempo. Mi deseo es que España encuentre formas menos ásperas de disentir. Que el desacuerdo no sea una guerra moral permanente. Tengo la esperanza, (aún), de que los puentes no estén tan rotos como parecen en el ruido diario. A veces basta con recordar que el adversario también pertenece al mismo país”.
El ministro asintió muy seguro: “Volveremos a vernos presidente, porque creer en soluciones es casi una obligación ética que nos invita a volver a dialogar. Le confesé que sueño con una Colombia donde la política deje de ser una herida abierta. Donde los desencuentros no se tramiten con rabia, sino con paciencia. Sé que no será rápido, pero también sé que rendirse sería traicionar a quienes todavía esperan algo del Estado. Tengo fe en que hay salidas; ¡claro que las hay!
Se dieron la mano con una promesa implícita: seguir conversando, aunque sea a distancia. No para cambiarlo todo, pero sí para no endurecerse por dentro. Eso, hoy, es ya una forma de resistencia democrática.
El ministro me confesó: “Mientras el presidente se alejaba, pensé que el futuro no siempre necesita grandes gestos, sino constancia. Si logramos que el diálogo sobreviva a la coyuntura, tal vez los países también puedan hacerlo.
Apagué la grabadora, lleno de alegría y satisfacción por haber tenido la idea y ser testigo privilegiado de un diálogo constructivo muy exclusivo, empapado de sinceridad y democracia. El de dos hombres de poder hablando sin consignas, sin certezas absolutas, sin prevenciones por sus cargos. No prometieron milagros ni fechas exactas, pero sí algo que ilusiona: seguir creyendo que los conflictos políticos tienen solución si no se pierde la voluntad de escucharse.
Me despedí convencido de que las democracias no se salvan solo en las urnas o en los parlamentos, también en estos encuentros silenciosos de seres humanos para quienes el futuro vuelve a ser una responsabilidad compartida.
Quedaba una incógnita: ¿Cómo logré presentar a los dos Pedros Sánchez, y que quedaran imágenes del suceso que tanto había anhelado? Lo pensé mucho, la respuesta fue elemental: la inteligencia artificial, que casi todo lo puede, hizo de fotógrafo en la Moncloa.

“El diálogo no es debilidad, sino una forma de responsabilidad”
En la mañana futura del 27 de julio de 2027, ya sin escoltas ni agendas, finalizado el mandato, el expresidente Pedro Sánchez, habla: “Dejar el cargo fue como bajar de un ruido constante a un silencio lleno de ecos. Al principio cuesta: uno sigue pensando en titulares que ya no existen. Luego entendí que lo verdaderamente importante de esos años no fue lo que firmé, sino lo que ayudé a normalizar”.
“Hoy veo a estudiantes, y hasta a periodistas, citar aquella idea simple que repetíamos casi como un mantra: discrepar no es destruir. No resolvimos todos los desencuentros de España, (eso sería ingenuo), pero dejamos una huella, insistir en que el diálogo no es debilidad, sino una forma exigente de responsabilidad.”
El exministro Pedro Sánchez en una tarde lluviosa bogotana, café en mano, recapacita: “También a mí me costó salir. El país sigue siendo complejo, a ratos doloroso. Pero algo cambió. No en los grandes titulares, sino en los tonos. En algunas mesas regionales, en ciertos debates públicos, aparece una frase a veces esquiva: escuchemos primero. No me atribuyo méritos que no corresponden, pero sé que insistir en la palabra, incluso desde un cargo asociado a la fuerza, tuvo sentido”.
El expresidente Pedro Sánchez, comenta: “Nos seguimos escribiendo de vez en cuando con mi tocayo colombiano. No hablamos de estrategias ni coyunturas, sino de libros, de cansancios, de cómo aprendimos a soltar, a dejar el cargo. Coincidimos en algo evidente: la política no mejora cuando grita más fuerte, sino cuando piensa mejor. Se puede sostener el desacuerdo sin convertirlo en enemistad. En tiempos de furia, eso es casi un acto pedagógico”.
El exministro Pedro Sánchez, expresa: ”Nuestros países siguen discutiendo, como debe ser. Pero también siguen buscando. Y en esa búsqueda, algunos recuerdan que hubo un tiempo en que dos servidores públicos, con historias distintas y un mismo nombre, apostaron por la conversación como método. Eso no cambia la historia de golpe. Pero ayuda a que no se repita siempre de la peor manera”.
Volví a ver a los dos Pedro Sánchez por separado, sin cargos oficiales. Pero no hablaban como exfuncionarios, sino como ciudadanos atentos a su tiempo. Ninguno reclamó victorias. En países acostumbrados a la política del choque, mostraron que el desacuerdo no tiene por qué ser irracional ni estéril. Que el diálogo, cuando es honesto, no garantiza soluciones rápidas, pero sí futuros menos rotos. Tal vez el ejemplo más duradero es recordar que la política, antes que una lucha, puede y debe volver a ser una conversación colectiva.
Cuando pienso como periodista y como ciudadano en la democracia que urge Colombia, no imagino unanimidades, pero sí en una sociedad capaz de discutir sin agredirse ni humillarse; de humanizarse. Una democracia donde los adversarios se respeten, donde en lugar de ser amenaza compartan, pero en bien de Colombia.
Este ejercicio alienta una democracia que eduque en la duda, que tolere la complejidad y que no confunda la firmeza con la agresión. Si algo deseamos profundamente los periodistas, es que el poder vuelva a entenderse como un servicio transitorio y no como una identidad permanente. Que nadie crea que el país empieza o termina con su propia voz. Que aún es tiempo de rescatar a Colombia.
Sobre esto pregunté imaginariamente al exministro Pedro Sánchez, en Bogotá. Y dijo: “Para mí, la democracia deseable es aquella que llega a todos sin imponerse, que protege sin aplastar y que escucha incluso cuando resulta incómodo. Sueño con una democracia que no se limite a votar, sino que se viva en la cotidianidad: en la palabra cumplida, en la diferencia respetada, en la dignidad garantizada. Anhelo una democracia que no tenga miedo de mirarse a sí misma, de reconocer errores y corregir rumbos. Una democracia donde la fuerza esté subordinada a la vida”.
Los dos Pedros Sánchez coinciden: la democracia no es un punto de llegada, sino un hábito que se cultiva cada día. Eso lo escuché en sus reflexiones, sin interrumpir. No hablan desde la nostalgia del poder, ni desde la pretensión de haber encontrado fórmulas mágicas. Hablan, más bien, desde una conciencia rara en la política contemporánea: la de saber que la democracia no se hereda intacta: se cuida.
Me llamó la atención imaginariamente que, viniendo ellos de realidades tan distintas, coincidieran en lo esencial. Ambos entendían la democracia no como un escenario de vencedores y vencidos, sino como un espacio de convivencia exigente, donde el conflicto es inevitable, pero la deshumanización no debería serlo. Ninguno habló de eliminar al adversario, sino de contener el impulso de destruirlo.
Sé que los pensamientos de este ejercicio imaginario con los Pedros Sánchez, no cambiará el rumbo de España ni de Colombia, pero ofrecen algo igual de necesario: un marco ético. En tiempos donde la política suele premiar a corruptos, la agresión y el grito; vale la pena apostar por el diálogo responsable en el desencuentro.
Esta ficción es un ejercicio con deseos de esa democracia que hemos perdido un poco. Cada uno de los dos Pedro Sánchez, me permitió imaginar a mis anchas en pluralismo y tolerancia. Desearía que fuera un aporte para predicar que es posible ejercer el poder sin renunciar a la duda, ni al respeto, ni a la esperanza. Que el diálogo, aunque lento y frágil, es el camino para no destruirnos como sociedad.
Este reportaje, con fantasía pero civilizado y alentador, justifica haber tomado la iniciativa de presentar a los dos famosos Pedros Sánchez, y haber sido “testigo” privilegiado de un encuentro idealista, con mensaje constructivo, útil.
