Crónica social: el Abelardo que conocí con Deyanira Berardinelli

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Encuentro familiar en Montería donde se comparten recuerdos sobre la juventud y etapa universitaria de Abelardo De La Espriella.

Una conversación familiar reconstruye anécdotas de la adolescencia y etapa universitaria de Abelardo De La Espriella, destacando rasgos de liderazgo, disciplina y emprendimiento que marcaron sus primeros años.

En una reunión familiar realizada en Montería, la comunicadora Deyanira Berardinelli conversó con Rosita Barguil, quien compartió recuerdos de la etapa juvenil de Abelardo De La Espriella, cuando residió en su hogar en Bogotá para iniciar sus estudios de Derecho en la Universidad Sergio Arboleda.

Durante la conversación, Rosita Barguil recordó que conoció a De La Espriella desde la infancia, debido a la amistad que mantenía con sus sobrinos. Posteriormente, cuando el entonces joven de 16 años se trasladó a Bogotá para comenzar su formación universitaria, permaneció aproximadamente un año y medio en su residencia. Según su relato, desde esa época destacaba por ser un estudiante inquieto, lector, emprendedor, organizado y con gran afición por la música italiana.

Entre las anécdotas compartidas, Barguil relató que De La Espriella acostumbraba llegar a casa interpretando la canción «O Sole Mio» y que, junto con compañeros universitarios, organizaba eventos musicales en los que alquilaban espacios y cobraban entradas para generar ingresos. También recordó que desde muy joven buscaba alcanzar independencia económica, al punto de expresar a sus padres que ya podía sostenerse con sus propios recursos mientras cursaba la universidad.

Otro de los aspectos resaltados durante la conversación fue su disciplina personal. Según Barguil, el hoy presidente mantenía su habitación en perfecto orden, tendía diariamente su cama y cuidaba cada detalle de su espacio personal. Asimismo, recordó que en repetidas ocasiones manifestaba su deseo de convertirse algún día en presidente de Colombia con el propósito de contribuir a mejorar el funcionamiento del Estado y corregir prácticas que consideraba inadecuadas dentro del gobierno.

La crónica también recoge aspectos de su personalidad fuera del ámbito académico. De acuerdo con el testimonio, era una persona alegre, responsable, de buen humor y con una marcada vocación por el emprendimiento. Estas vivencias, narradas desde una perspectiva personal y familiar, ofrecen una mirada sobre los años de formación de Abelardo De La Espriella antes de su trayectoria pública y política.

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