OLÓGRAFO

por Claudio Ochoa 

La constancia y la claridad poética y prosista están entre las características del que hace décadas fue ingeniero y constructor, Juan Pabón  Hernández, desde entonces formado pacientemente en historiador, filósofo, escritor y lector de cultura universal. A estas prácticas, que para él son todo esparcimiento, Juan  entrega buena parte de su vida.

Desde hace, no sé cuántos años, Juan Pabón escribe semanal y sagradamente su “Ológrafo”, que según la Real Academia significa: “Dicho de un testamento o de una memoria testamentaria: De puño y letra del testador”. Valioso testimonio de un nortesantandereano que ha vivido para la historia y la cultura de los paisanos. Valiosísimo aporte que debe ser aprovechado por los colombianos, especialmente quienes están en formación.

El académico Juan Pabón Hernández

Parte de estas creaciones poéticas de Juan han sido recopiladas por el Fondo de Autores de Norte de Santander, a cargo de la Secretaría de Cultura Departamental, en la obra titulada “Ológrafo”.

Otro nortesantandereano ejemplar, el abogado y humanista Álvaro Villamizar Suárez, resume, refiriéndose a la obra de nuestro poeta: “Ológrafo” es un testamento que el poeta deja de su vida a sus lectores. Es la sencillez de la cotidianidad traducida a la poesía, pero no es la simplicidad y la rutina de los días, solo que este testimonio fue escrito en el más elemental de los lenguajes, pero orientado a una reflexión filosófica que se resume en las palabras que expresa el paisaje con sutileza, decantada emoción”.

Su contenido es completo, cubre lo local, lo nacional y lo mundial, de ayer y de hoy. Porque valga mencionar, como pocos, Juan Pabón es un estudioso de los clásicos antiguos y medievales, obras del renacimiento y el barroco, el realismo y el romanticismo, hasta las producciones del recién siglo XX. Inspiraciones sobre estos aprendizajes lleva nuestro escritor en sus Ológrafos.

Esta obra es también un homenaje de Juan Pabón a la nortesantandereanidad

Para facilidad de su lectura, comprensión y asimilación, el autor clasifica los Ológrafos según grandes temas capitulados, de los cuales tomamos algunos, párrafos mínimos, a manera de motivación entre los interesados en el tema:

Ológrafo viajero. El mar, las aves, el crepúsculo, el amanecer, el atardecer, la noche, el viento, las estrellas, el azul que prima en sus creaciones …

Que expresa en párrafos como:

“Qué grato escuchar la conversación silenciosa del universo amaneciendo: es como si contara su despertar en las alas raudas de los pájaros, en los susurros de las hojas o en la quietud máxima de todo”.

“Qué bonito se vuelve el paisaje cuando uno quiere verlo –o imaginarlo—así, natural, con la ilusión de sentir que, en el reposo, el corazón se duerme en un recodo y que, abajo o arriba de la loma, la mirada capta los tonos de los colores en las alas de cualquier pájaro y adivina cómo se cuelgan de azul en un tejado de nubes”.

Los maestros nortesantandereanos Pablo Tarazona Prada, Arnulfo Briceño y Elías M. Soto

Ológrafo del arte. Recuerdos y vivencias de Juan. Sus diarios amaneceres alimentados con la lectura y escritura (y no es una exageración) sobre los autores más cercanos a su entorno nortesantandereano, además de los universalmente reconocidos.  Nos recuerda a célebres paisanos y sus obras musicales, de los cuales nuestra generación guarda admiración, conocimientos y respeto, como:  Pablo Tarazona Gómez, Pablo Tarazona Prada, Víctor M. Guerrero, Rafael Contreras, Ángel María Corzo, Arnulfo Briceño, Benjamín Herrera, Fausto Pérez, Bonifacio Bautista, Oriol Rangel y Elías M. Soto.

Para la muestra, estos párrafos:

“La literatura posee un encanto tal que convierte al lector en un personaje más –hecho de palabras—apto para doblar sigilosamente las esquinas de la prosa o del verso, con el lenguaje sabio seduciendo la memoria. Y descubre en las cosas simples –y bonitas—una bienaventuranza que la inteligencia no puede refutar, algo así como un faro, una rosa roja, una luna o un mar: aquellas evidencias del alma que pactan la bondad con la vida”.

“No leo autores modernos –no soy capaz—porque no poseen la hondura de los clásicos ni me enseñan, y menos me estremecen; por eso repaso y repaso a los antiguos, y ello me ilumina nuevos y generosos propósitos de investigación…”

El incomparable Santurbán

Ológrafo natural. Aquí, el escritor e historiador profundiza su compromiso especial por la naturaleza norte y sur santandereana, dedicando parte de su creación a dos de nuestros tesoros: Santurbán y el Páramo del Almorzadero.

Difícil escoger entre tan conmovedores párrafos, como este:

“Los lagos son un remojo de sueños bonitos que juegan a las escondidas y, si uno los deja ascender a su propia fantasía, puede ponerle colores a su sonrisa, o dejar algunos en blanco y negro. Por ejemplo, en Santurbán, la lejanía ha construido un refugio para lagos y uno puede soltar las amarras de su barca e imaginar el amor, atraparlo, llevarlo a un lugar ideal y sembrarlo en la intimidad”.

“En la Cocha, algún día, voy a construir una casa chiquita, de techo rojo, cercana a esa quietud solemne, con un faro dibujado en los ojos y una rosa muy bella colgada del ojal de mi melancolía”.

Debemos descubrir el secreto del tiempo

Ológrafo del tiempo. El tiempo, el pasado, la edad, el azar, la memoria, el destino… son algunas realidades que a Juan y a todos nos acompañan en nuestra existencia, que nuestro poeta capta esmeradamente para hacernos comprenderlas y aprovecharlas.

En uno de sus Ológrafos se pregunta ¿qué es el tiempo?

Y responde: “El mundo se vuelve más interesante cuando uno lo observa en su misterio y se hace una pregunta que brota lejana: ¿Qué es el tiempo? Desde la eternidad, que es el resguardo de la filosofía, la reflexión ofrece la solución mayor y absoluta: es, por una cara, el reflejo del universo y, por la otra, la medida espiritual de la consciencia humana”.

“De manera que se nos plantea una incógnita retadora e inevitable para explicar esa vibración interior que nos exige afrontar, con madurez, las razones para asumir el paralelo de existir. Lo único que poseemos, en realidad, es tiempo; de ahí que debamos descubrir su secreto, liberarlo del espacio y de los afanes humanos para llevarlo a una medición distinta de las posibilidades metafísicas de la existencia”.

El poeta reflexiona sobre nuestra existencia

Ológrafo reflexivo. Aquí el poeta da la sensación de querer retornar al pasado y nos ofrece diversas meditaciones sobre la existencia, el destino, lo confidente, la vida, los enigmas, las ilusiones, el talento.

Disfrutemos con este trozo: “La vida va recogiendo sus alas en vuelo y anhela posarse cada mañana en una esquina del corazón, donde debe sembrar, cada día, su don de soñar, en esa región sagrada del alma donde se esconde, tímido, un rayo de luz. Hasta cuando uno no encuentra ese sendero en el tiempo, y no le apuesta a una visión de las estrellas, no se convence de la razón bonita de los ideales ni puede engendrar nuevas ilusiones”.

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Juan Pabón coincide con Agustín Lara: El músico poeta mexicano no conocía a Granada cuando escribió para Pedro Vargas el que sería luego himno oficial de la ciudad andaluza. Naturalmente, nuestro admirado cucuteño no conoció las civilizaciones ni los escritores, filósofos y músicos de la antigüedad, e impresiona la manera como transmite tan familiarmente sus vivencias de esas épocas de la historia y la geografía universal. Genera y vive, sí, la diaria consideración y el respeto con los seres vivos, el amor por sus semejantes, la compenetración con la naturaleza, calidades que son la principal materia prima en su obra.

Las creaciones de Juan Pabón y de nuestros poetas y prosistas en general nos deben alimentar algo de nuestro diario vivir, sacar parte del tiempo que enfermizamente nos ha concentrado en los demagogos y magos de la política, del desgobierno; menos culto a lo farandulero, erradircar polémicas inservibles, menos especulaciones que nos siguen destruyendo. Más atención a las letras, a las expresiones escritas y orales que nos acercan. Que abramos nuevos espacios en nuestros medios de comunicación, en las tertulias, en las culturas, a las voces que nos unen a la naturaleza y entre todos los seres vivos.

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