Ecopetrol: La línea que no se puede cruzar

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ECOPETROL

por Segundo Antonio González C., Ing. de petróleos

Lo que está ocurriendo hoy en Ecopetrol no admite lecturas complacientes. No es un episodio administrativo más: es una alerta seria sobre el estado de su gobernanza y, por extensión, sobre la confianza en uno de los activos más importantes de Colombia.

El caso de su presidente, Ricardo Roa, rodeado de cuestionamientos éticos y legales, no puede gestionarse con ambigüedades. La decisión de otorgar una “licencia” no resuelve el problema de fondo. Por el contrario, transmite una señal de debilidad en un momento en el que el mercado exige claridad.

En empresas listadas, la percepción es determinante. Y hoy la percepción se sigue deteriorando.

Cuando surgen dudas sobre la integridad o idoneidad de la alta dirección, los estándares internacionales son claros: o hay respaldo explícito con auditoría independiente, o hay separación mientras se investiga con rigor. Lo demás es dilación, y la dilación se castiga.

Pero más allá del caso puntual, lo verdaderamente preocupante es la señal institucional. Si el mercado percibe que las decisiones en Ecopetrol responden a consideraciones políticas del gobierno de turno, más que a criterios técnicos, el impacto es inmediato: menor valoración, mayor costo de capital y pérdida de confianza de inversionistas.

Ing. de petróleos Segundo Antonio González

Ese es el riesgo real.

En este contexto, el papel de la Junta Directiva es determinante. Su responsabilidad no es acompañar decisiones, sino garantizar independencia, proteger la reputación de la empresa y actuar con criterio técnico. Si en un momento como éste no lo hace con firmeza, su credibilidad queda comprometida.

Y sin una Junta creíble, no hay gobernanza sólida.

A esto se suma un problema estructural que no puede ignorarse: el futuro del negocio. Ecopetrol depende de su capacidad de reponer reservas. Sin exploración, no hay sostenibilidad. Y sin sostenibilidad, no hay empresa.

La transición energética es necesaria, pero no puede construirse debilitando la base que la financia. La caja que permite diversificar proviene, hoy, del petróleo y el gas. Desatender esa realidad no es visión estratégica: es un error.

Por eso, lo que está en juego trasciende a una persona. Es el rumbo de la compañía y la estabilidad de un activo que es clave para las finanzas públicas, la seguridad energética y la confianza del país.

La salida es conocida y urgente: decisiones claras sobre la gerencia, una investigación independiente creíble, fortalecimiento real de la Junta y una estrategia explícita de reservas y producción.

Lo demás es prolongar la incertidumbre.

Ecopetrol no puede cruzar la línea donde la política sustituye a la técnica. Porque cuando eso ocurre, el costo no lo paga una administración. Lo paga Colombia.

Abril 7 de 2026.

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