Curar la tierra para sanar el cuerpo: la carrera por salvar los nutrientes de la mesa colombiana

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El deterioro de los suelos, agravado por el cambio climático, está afectando la calidad nutricional de los alimentos y la seguridad alimentaria de millones de colombianos.

La relación entre el cambio climático, la salud de los suelos y la nutrición humana se ha convertido en un desafío estratégico para Colombia. En el marco del Día Mundial del Medio Ambiente y del Día Mundial de la Inocuidad de los Alimentos, expertos y organizaciones internacionales han advertido que la degradación de los suelos está afectando la producción de alimentos nutritivos y seguros para la población.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el 95 % de los alimentos que consume la humanidad depende directamente de los suelos. Sin embargo, fenómenos asociados al cambio climático como sequías prolongadas, lluvias intensas y temperaturas extremas están deteriorando este recurso esencial para la agricultura.

Los especialistas explican que los suelos son ecosistemas vivos compuestos por microorganismos, hongos, lombrices, minerales y materia orgánica que permiten la circulación de nutrientes y el crecimiento saludable de los cultivos. Cuando este equilibrio se rompe, disminuye la capacidad productiva y nutricional de los alimentos.

La situación es especialmente preocupante en Colombia. Carolina Olivera, consultora en gestión sostenible del suelo de la FAO, señaló que aproximadamente el 40 % de los suelos del país presenta algún grado de degradación, mientras que a nivel mundial la cifra alcanza el 30 %. Este fenómeno amenaza la sostenibilidad alimentaria y la capacidad de producir alimentos de calidad para las futuras generaciones.

Los efectos no solo impactan la productividad agrícola. Los expertos destacan que existe una relación directa entre la salud del suelo y la nutrición humana. Cuando los terrenos son deficientes en minerales esenciales como hierro y zinc, los alimentos producidos contienen menos nutrientes, aumentando riesgos de malnutrición y problemas de salud pública.

Santiago Mazo, especialista en seguridad alimentaria y nutrición de la FAO en Colombia, explicó que los nutrientes viajan desde el suelo hacia los alimentos que consumen las personas. Por esta razón, la conservación de los suelos es una herramienta fundamental para garantizar dietas saludables, especialmente en niñas, niños y mujeres gestantes.

Las cifras nacionales reflejan la magnitud del desafío. De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Calidad de Vida del DANE, uno de cada cinco hogares colombianos enfrentó inseguridad alimentaria moderada o grave durante 2025, afectando a cerca de 12 millones de personas. Paralelamente, la anemia continúa siendo un problema importante en la población infantil y en mujeres embarazadas.

La inocuidad alimentaria también está estrechamente relacionada con la calidad de los suelos. En Colombia se notificaron 765 brotes de enfermedades transmitidas por alimentos durante 2024 y, hasta el periodo epidemiológico XII de 2025, se registraron 608 brotes con miles de personas afectadas. Los expertos advierten que la contaminación del suelo y del agua puede facilitar la presencia de microorganismos y metales pesados en la cadena alimentaria.

Frente a este panorama, la FAO, la Alianza Mundial por los Suelos, el Ministerio Federal de Alimentación y Agricultura de Alemania, el Ministerio de Agricultura de Colombia y AGROSAVIA impulsan el proyecto «Suelos para la Nutrición». La iniciativa busca fortalecer capacidades técnicas y comunitarias para mejorar la salud de los suelos y promover la producción de alimentos más nutritivos, sostenibles e inocuos.

Uno de los componentes más innovadores es el Programa Global de Doctores de los Suelos, que formará profesionales, líderes campesinos y productores rurales para implementar prácticas sostenibles en sus territorios. La estrategia se desarrolla inicialmente en Meta y Casanare, regiones clave para la producción agrícola nacional, promoviendo acciones como la rotación de cultivos, el uso responsable de fertilizantes y la protección de fuentes hídricas.

Los expertos coinciden en que proteger los suelos no es únicamente una responsabilidad del sector agrícola. Reducir el desperdicio de alimentos, apoyar mercados campesinos, diversificar la dieta y promover prácticas sostenibles de consumo son acciones que contribuyen a fortalecer la salud del suelo y garantizar alimentos seguros y nutritivos para las futuras generaciones.

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