IA, liderazgo deportivo y consumo redefinen la estrategia empresarial global

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Ejecutivos analizan datos de inteligencia artificial y tendencias de consumo durante una reunión empresarial

Nuevos análisis advierten que adoptar tecnología no basta: las organizaciones deben transformar sus procesos, fortalecer el liderazgo y responder a consumidores más exigentes.

La adopción de inteligencia artificial (IA), las prácticas de alto rendimiento y los cambios en el comportamiento del consumidor están obligando a las empresas a revisar sus modelos de operación. Informes publicados por McKinsey entre 2025 y 2026 sostienen que la tecnología genera mayor valor cuando está acompañada por transformaciones organizacionales, nuevas capacidades de liderazgo y estrategias comerciales más personalizadas.

En el campo de la IA, McKinsey estima que cerca del 60 % de las horas de trabajo podrían ser automatizadas teóricamente mediante sistemas cognitivos y físicos. Sin embargo, pocas compañías reportan impactos significativos en sus resultados financieros, debido a que muchas incorporan estas herramientas en procesos existentes sin rediseñar la manera en que se distribuyen las tareas y se toman las decisiones.

La firma propone avanzar hacia una “empresa simbiótica”, en la que trabajadores, agentes de IA y robots inteligentes aporten capacidades complementarias. Este modelo requiere infraestructura tecnológica escalable, formación del talento, mecanismos de supervisión y una visión estratégica que permita automatizar procesos sin perder el juicio humano, la creatividad ni la responsabilidad sobre las decisiones.

El liderazgo empresarial también puede tomar referencias del deporte de alto rendimiento. McKinsey identifica prácticas como administrar deliberadamente el tiempo y la energía, priorizar la recuperación, aprender de forma continua, utilizar datos y desarrollar resiliencia. La vigencia competitiva de figuras como Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, quienes participaron en una sexta edición de la Copa Mundial masculina en 2026, refleja la importancia de la preparación individualizada y la adaptación permanente.

A estos desafíos se suman cuatro tendencias de consumo: el uso de tecnología durante el proceso de compra, la búsqueda de bienestar, el interés por experiencias memorables y el crecimiento del consumidor que compara y optimiza sus recursos. El estudio, basado en respuestas de 4.863 personas de cinco países, señala que las marcas necesitan demostrar valor, fortalecer su presencia en diferentes canales y ofrecer propuestas más personalizadas para competir en un mercado fragmentado.

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