La «polarización»y “todas las formas de lucha”
por Claudio Ochoa
Poco a poco, el antiguo socialismo y su anhelado comunismo, hoy con nueva fachada de progresismo o Pacto Histórico, ha venido metiendo al país en un estado de “polarización” política, y quien no esté de acuerdo con sus narrativas pertenece a la ultraderecha, con lo cual ellos se apropian automáticamente del 50 por ciento o más del conjunto político, y dejan el sobrante a liberales, conservadores y sin partidos, o ultraderechistas, fascistas y paramilitaristas, como los denominan despectivamente.
La actual elección presidencial en su segunda vuelta les ha dado la oportunidad a los pontífices del progresismo o Pacto Histórico de ratificarse como el otro “polo”, o mitad del país elector, al obtener la cifra cercana al 49 por ciento de los votos válidos, no del censo electoral en su total. El senador Cepeda acaba de asegurar que el país quedó dividido en «dos mitades casi idénticas y simétricas».
Pero, ¿qué tan cierta, real, esta afirmación, con base en el porcentaje del 48.70 % y su cifra absoluta de 12.7 millones de votos válidos que han obtenido los del Pacto? En primer lugar, el 21 de junio estábamos habilitados para votar 41.421.973 colombianos, y estos 12.7 millones de votos (entre lícitos y otros de incierto origen) por el progresista Cepeda corresponden al 30,66 por ciento del censo electoral, no son el 50 por ciento. Primer sofisma: no son la mitad.
Veamos los engaños:
Desde hace cuatro años, el presidente Petro ha venido trabajando para lograr, no solo esta aparente mitad a su nombre y favor, sino superarla, y así, con sus filas congresistas fortalecidas, como lo consiguieron durante las recientes parlamentarias de marzo, manejar al Congreso Nacional (a punta de la “mermelada”) desde la Presidencia de la República que esperaban conservar otros cuatro años. Y de paso afianzar a las cortes, el poder judicial y órganos de control que no les han sido dóciles.
Casi acaban de poner en sus bolsillos el 50 por ciento (mejor, el 30,66 % como vimos en párrafo anterior) del electorado, durante la segunda vuelta del 21 de junio. Les faltó ligeramente más de un punto porcentual sobre los votos totales válidos (25.668.254), no sobre el censo electoral ( 41.421.973).
¿Y qué tan cierta y duradera es esta autoproclamada “polarización”?
Así ha sido y es, el señor Petro y su sucesor, el senador Cepeda, se cranearon lo de la “paz total” para acercar a bandas criminales que pudieran ser aliadas a la hora electoral y acaso tener su complacencia. Para eso han tenido a los camuflados “gestores de paz”. Es lo que conocemos como el “voto fusil”, votos con presión armada sobre los ciudadanos desprotegidos en Cauca, Nariño, Valle del Cauca, Meta, Guaviare, Caquetá, Tolima…etc. Algo denunciado por la Defensoría del Pueblo, y miles y miles de ciudadanos, dando cifras sospechosas en favor del senador Cepeda.
La pregunta de difícil cuantificación es: ¿en cuánto contribuyeron estos votos al total conseguido por el señor Cepeda? Basta con ver cómo arrasaron en los municipios tomados por las armas, dejando apenas porcentajes de un dígito a sus opositores.
La combinación de todas las formas de lucha adoptadas en 1966 por los inspiradores del señor Cepeda, los padres del Partido Comunista Colombiano, les han servido, y las seguirán utilizando.

Ahora vamos a la contratación. Según el diario El Tiempo, Petro gastó más de $ 31 billones de nuestros impuestos en contratos directos con la figura de Asociaciones Público-Populares y post Ley de Garantías, contratos “a dedo” solo con el fin de ganar adeptos en los territorios. Figura que la Corte Constitucional le tumbó, aunque ya cuando el mal (o el bien para Petro) estaba hecho. Aquí otra pregunta, ¿qué parte del 48.70 por ciento (30,66 % real con base en el censo electoral y no con los votos totales válidos) y de los 12.7 millones son fruto de esta -¿ilegalidad, deshonestidad?-aprovechando el tesoro público?
Otra ayuda. La sinfín campaña sobre la “obra” de gobierno pagada en los medios de comunicación durante los últimos quince días, en la televisión pública y en sus bodegas, a costa de miles de millones de pesos. ¿Cuántos ingenuos creyeron este bombardeo de exageraciones y terminaron votando por el señor Cepeda? Cuál fue su aporte a los 12.7 millones de votos?
¿Y la compra directa de votos? El candidato Abelardo de la Espriella denunció a buen número de posibles compradores de votos. ¿En qué ha fructificado esto? ¿Alcanzaron a cumplir sus objetivos estos posibles auxiliadores de la campaña Cepeda? Cuál ha sido su aporte a los 12.7 millones y a su correspondiente 48.70 por ciento (30,66 % real)?
El poder bien clientelizado para beneficio personal es otra fuente de votos, y Petro es un maestro para esto. No le ha preocupado nombrar a ministros y funcionarios varios, a embajadores y embajadoras, creando miles de cargos para favorecer a gente sin preparación. Más votos amarrados.
Otros aportes clientelistas son los de la Alianza Verde y de voltiarepas profesionales como la ex candidata Claudia, el Roy, algunos liberales y conservadores, que sus partidos están en mora de expulsar. Aunque entre todos son muy pocos votos los que han aportado a los 12.7 millones, algo suman.
Por muy ingenuos que seamos, es imposible creer que medio país, el 48.7 por ciento (30,66 % real sobre el total del censo electoral) de quienes acaban de votar estén con un partido político que en cabeza del señor Petro ha causado tanta desgracia en Colombia. Consiguieron su propósito en las elecciones parlamentarias del pasado mes de marzo, al apoderarse de la cuarta parte de las curules en el Senado y casi otra cuarta parte en la Cámara de Representantes. Pero en la presidencial no pasaron.

Se desinflará el globo:
Ahora vayamos a la realidad política, lo que viene. De lo votos que se esfuman cuando no hay pleno convencimiento de los electores con sus candidatos, como han sido los millones de incautos y fanáticos (pasajeros) de los que se jactan Petro y compañía. ¿Vencidos en diciembre entrante los millonarios y billonarios contratos temporales de servicios, será que sus beneficiados continúan dándoles sus votos?
El señor de la Espriella tiene como prioridad dar golpes a las bandas criminales y sus “gestores de paz”, de manera que dentro de muy poco, sin el camuflaje de la “paz total”, comenzando con las elecciones de alcaldes, ya tendrán mermado su poder de convicción o “voto fusil” en favor del Pacto Histórico y los candidatos de Petro-Cepeda. ¿Volverán a ganar en 102 de los 139 municipios en riesgo extremo electoral, como ocurrió el domingo 21 de junio?
¿Sin puestos públicos y billonarios contratos para repartir tendrán la reciprocidad de millonarios votos a su favor?
¿Quién o qué asegura que continúe el acompañamiento de los Verdes?
Pensemos si en los cercanos meses por venir los señores progresistas mantendrán o no el globo bien inflado con su voluminosa tajada clientelista degradada. Está en manos del nuevo gobierno, de sus actuaciones honestas, y de los ex contratistas y demás ex fletados, bajar del trono a quienes se han montado en él a base de mentiras y de actuaciones antiéticas y fuera de la ley.
Lo de la polarización es una de tantas falacias montadas por los ahora “progresistas”. No tienen la mitad del país, porque sumando los votos de dudoso origen que lograron, apenas alcanzan al 30,66 % del censo electoral. Así no pude existir “polarización”.
El partido del presidente de la Espriella consiguió el 31.29 %. Falta el 38 % que son abstencionistas, votos en blanco y nulos, y en cualquier momento pueden ser efectivos en el derecho-deber electoral. Con el paso de los días y un buen gobierno del presidente de la Espriella, sin duda que ese 30,66 % “progresista” bajará, pues ni pesos, ni puestos a dar, mientras el cuento de trabajar por los pobres sigue desgastándose, y ante esta, la principal fuente de sus votos, van conociendo más y más que lo del señor Petro fue apenas una ilusión dañina y su sucesor Cepeda tiene poco constructivo por ofrecer y cumplir. Como senador su balance ha sido opaco.
Falsa polarización que tan solo fomenta odios, la lucha de clases, todas las formas de lucha, favoreciendo a quienes la promueven como señuelo para conseguir votos.
