Cómo las empresas pueden fortalecer su preparación ante los riesgos geopolíticos
Una encuesta a altos directivos revela brechas en inteligencia geopolítica, planificación de escenarios y sistemas de alerta temprana para responder a un entorno global más volátil.
Las empresas globales enfrentan un entorno geopolítico cada vez más complejo, pero muchas aún no cuentan con capacidades suficientes para anticipar y responder a crisis prolongadas. Así lo señala un análisis basado en una encuesta de McKinsey a más de 200 altos directivos de distintos sectores y regiones, en la que solo el 15 % afirmó tener una unidad especializada de inteligencia geopolítica.
El informe indica que ocho de cada diez líderes empresariales consideran que el contexto geopolítico actual ha tenido efectos negativos sobre sus negocios. Entre los principales factores de riesgo identificados se encuentran las barreras comerciales, los controles tecnológicos, la volatilidad cambiaria, las sanciones, las restricciones a la inversión extranjera directa y los conflictos armados.
Pese a esta exposición, menos de un tercio de los encuestados considera maduras sus capacidades de gestión de riesgos geopolíticos, mientras que apenas el 28 % las califica como eficaces para la toma de decisiones. Entre las principales brechas se destacan la falta de sistemas de alerta temprana, la débil recopilación de inteligencia y el uso limitado de análisis basados en escenarios.
El documento advierte que las barreras comerciales y los controles tecnológicos ya están afectando márgenes, cadenas de suministro e inversiones empresariales. Algunas compañías han respondido diversificando proveedores, regionalizando operaciones, ajustando sus plataformas tecnológicas o reconfigurando su presencia en mercados sensibles, aunque estas medidas no siempre garantizan una reacción rápida ante nuevas perturbaciones.
Para fortalecer la preparación, el informe plantea cinco líneas de acción: crear capacidades de previsión geopolítica y alerta temprana; mejorar la agilidad organizacional para tomar decisiones rápidas; reconfigurar operaciones e infraestructura con mayor resiliencia; diseñar estrategias comerciales flexibles; y mantener inversiones estratégicas durante períodos de volatilidad.
El análisis concluye que las empresas mejor preparadas serán aquellas capaces de pasar de una postura defensiva a una preparación estratégica. En un contexto de tensiones geopolíticas persistentes, la gestión anticipada del riesgo puede convertirse en una ventaja competitiva para proteger operaciones, identificar oportunidades y sostener el crecimiento.
