El fin de la guerra que no fue de 1000 días, sino de 1130 Por: Gustavo Castro Caycedo
Los historiadores contabilizan cerca de 50 guerras civiles en Colombia en 200 años, incluyendo conflictos entre liberales y conservadores, guerras civiles de carácter local, y enfrentamientos de menor escala. Hoy, cuando hay colombianos de lado y lado que parecieran presentir una nueva guerra en Colombia, ojalá sirvan para reflexionar los desastrosos resultados de la terrible Guerra de los 1000 Días, la más sangrienta de todas las registradas en nuestra historia patria, porque asoló a Colombia. Lo que en realidad más interesa resaltar de ella es la firma de la paz, este 21 de noviembre hace exactamente 123 años.

Aunque infiel a su nombre, esta guerra fratricida no duró mil días sino 1130, del 17 de octubre de 1899 al 21 de noviembre de 1902. Causó cifras imprecisas, pero aceptadas por algunos historiadores, de entre 80.000 y 100.000 muertos, la gran mayoría civiles.
El general Rafael Uribe Uribe, fue quien decidió buscar la paz por medio de un tratado, el cual firmaron inicialmente las fuerzas conservadoras del Gobierno y los revolucionarios liberales, el 24 de octubre de 1902, antes de la llegada de la paz definitiva, en la hacienda Neerlandia, zona bananera del Magdalena, cerca de Ciénaga. entre los generales, el liberal Carlos Adolfo Urueta y el conservador Urbano Castellanos. El general Rafael Uribe Uribe, ordenó a sus tropas deponer las armas a partir del 30 de octubre.

Este acuerdo marcó el inicio del final de la Guerra de los Mil Días. Fue refrendado luego por los generales Florentino Manjarrez, por el conservatismo y Uribe Uribe, por el Partido Liberal, para acabar con esa bárbara guerra entre hermanos con distintas
banderas.
Existía la posibilidad de que el gobierno estadounidense de Theodore Roosevelt interviniera militarmente para proteger sus futuros intereses en la construcción del canal de Panamá. Los generales Benjamín Herrera, Rafael Uribe Uribe, y Gabriel Vargas Santos, acogieron la propuesta del gobierno de los Estados Unidos de reunirse y dialogar, con el primer mandatario colombiano, y llegar a un acuerdo de paz, a bordo de su buque acorazado Wisconsin, atracado en la bahía de Panamá, con el argumento de que sería un punto neutral.
El fin al peor conflicto de la historia de Colombia
Allí debatieron y firmaron el 21 de noviembre de 1902, “La Paz del Wisconsin”, o Tratado del Wisconsin, los representantes del

bando liberal de Benjamín Herrera y el conservador de Foción Soto, sellaron la paz, poniendo fin al peor conflicto de la historia de Colombia, a la horrenda guerra civil de los 1000 días, con la firma del general Lucas Caballero y el coronel Eusebio A. Morales, por el Partido Liberal; y de los generales Víctor Manuel Salazar, gobernador de Panamá y Alfredo Vázquez Cobo, por el Gobierno, acordaron deponer las armas.

Este tratado fue ratificado luego por Nicolás Perdomo, ministro de Gobierno y por el liberal Benjamín Herrera; aunque los combates continuaron un tiempo más.

El Tratado comprometió al gobierno conservador de José Manuel Marroquín, a propiciar unas elecciones honestas, a restablecer el orden público, ofrecer una amnistía dando la libertad a los prisioneros de guerra que se sometieran.
La dirección Liberal divulgó e informó sobre el Tratado, ordenando a sus hombres que aún combatían, presentarse a los cuarteles del Gobierno; este, igualmente fijó avisos en los municipios, lográndose así una normalización escalonada.
Aunque se acordaron los tratados oficiales aludidos, el cese real de la guerra solo llegó el primero de junio de 1903, cuando el presidente conservador, José Manuel Marroquín, declaró oficialmente restablecido el orden público y el fin a la Guerra.
La batalla de Palonegro,
la más larga y sangrienta, duró 16 días

Guerra cuyo balance fue aterrador: en 220 combates se enfrentaron 75.000 soldados del gobierno conservador y otro tanto de liberales, la mayoría constituidos en guerrillas. Estos sufrieron varias derrotas, pero la mayor e irreversible, fue la de la batalla de Palonegro, fue la más larga y sangrienta duró 16 días, (entre el 11 y el 26 de mayo de 1900), dejando como saldo trágico la muerte de cerca de 5.000 liberales y 3.000 conservadores, y casi 7.000 heridos.
La guerra asoló muchas zonas del país, miles de combatientes dejaron viudas, madres abandonadas y huérfanos; otros miles fueron heridos, y centenares quedaron lisiados por el resto de sus vidas. Los contendores destruyeron la red telegráfica y las líneas telefónicas en todo el país. Hubo una grave devaluación de la moneda y la economía de Colombia quedó quebrada. Pero aparte de los miles de muertos, la peor consecuencia fue la división del Istmo y la pérdida de Panamá, el 3 de noviembre de 1903. Combia entró en desprestigio internacional y se distanció de Ecuador, Nicaragua y El Salvador, y eso casi causa otra guerra con Venezuela. El presidente Manuel Antonio Sanclemente fue derrocado y reemplazado por José Manuel Marroquín.
El conflicto diezmó los servicios de salud, e hizo que muchos colombianos murieran enfermos y de hambre en municipios, en potreros, al pie de las carreteras y en las regiones más inhóspitas. Los vándalos y los saqueadores sembraron el terror y la inseguridad en todo el territorio nacional. El país quedó en la ruina, la industria y el comercio, gravemente afectados y los colombianos en un doloroso proceso de recuperación.
En junio de 1898 se reunieron en Zipaquirá
los liberales guerreristas

Para conocer un poco las causas y el desarrollo de la Guerra de los Mil Días, resultan oportunos los siguientes documentos: El historiador y escritor Carlos Vidal, dio a conocer en 1977, en Estocolmo, su investigación: “La Guerra de los Mil Días desde una perspectiva internacional”, y expresó:
“En junio de 1898 se reunieron en Zipaquirá, los liberales guerreristas Foción Soto, Rafael Uribe Uribe, los hermanos generales Carlos y Ramón Neira Neira, Zenón Figueredo, el comandante Juan Mac Allister, Pablo E. Villar y otros, para trazar los planes conducentes a la declaratoria de guerra civil y el inicio de las hostilidades de la que resultó ser, ‘La Guerra de los Mil Días’.
“Unánimemente se acordó que el departamento de Santander fuera el escenario de los primeros combates, porque la mayoría de su población era liberal y porque, además, era fronterizo con Venezuela y se pensaba coordinar los movimientos con la revolución del general Cipriano Castro.
Por su parte, el periódico británico Herald, dijo: “En 1898 el liberalismo colombiano estaba dividido en dos corrientes: los guerreristas y los civilistas. Los primeros crecían cada día más en número y recursos, empujados por una política de la intolerancia conservadora”

“Los civilistas, al mismo tiempo que argumentaban contra la guerra y procuraban negociar prebendas con el régimen, preparaban la infraestructura de los negocios jugosos que la inminente guerra prometía: acaparaban alimentos, concentraban miles de caballos y mulas en sus haciendas. Y almacenaban ropas, herramientas y armamento. Pronto se hacían millonarios”.
Ese año, el Partido Conservador postuló para presidente a Manuel Antonio Sanclemente, del Partido Nacional, quien ganó. Pero ante su ausencia se posesionó el vicepresidente José Manuel Marroquín, quien ejerció el cargo por tres meses.
En octubre de 1899, la fracción liberal más beligerante se reveló contra Sanclemente, por excluir a su partido del poder, y como habían planeado, iniciaron la guerra atacando en Bucaramanga. Esto se amplió en Santander y se extendió al Tolima, a algunas zonas de la costa Caribe y a Panamá, donde el liderazgo del general Benjamín Herrera, condujo a “la toma de Panamá”, y con la ayuda de tropas venidas de Nicaragua, Venezuela y Ecuador, los liberales triunfaron en varias batallas.
Luego de sufrir dos duras derrotas en Piedecuesta y Bucaramanga, el 15 de diciembre de 1889 el ejército liberal logró vencer a los conservadores en la batalla de Peralonso, comandado por los generales Rafael Uribe Uribe, Gabriel Vargas Santos, Benjamín Herrera, y con el apoyo de algunas guerrillas independientes.
En espera de los refuerzos, armas y pertrechos prometidas por el venezolano Cipriano Castro
El 31 de julio de 1900, el vicepresidente Marroquín, encabezó la rebelión del Partido Conservador, y aliado con el ejército y con Aquileo Parra, (líder del Partido Liberal), derrocó al presidente Sanclemente.
El apoyo de los gobiernos de Venezuela, (Cipriano Castro); Ecuador, (Eloy Alfaro); y Nicaragua, (José Santos Zelaya), hicieron más compleja esta guerra en la que los estadounidenses, desde Panamá, le agregaron el carácter de internacional.
En Venezuela, el general Cipriano Castro, simpatizante declarado de la causa liberal, dio un golpe de estado en Caracas el 22 de octubre de 1899. Y en enero de 1900, financiados y armados por Castro, cruzaron la frontera por San Antonio de Táchira y llegaron a Santander 22.000 combatientes, entre liberales colombianos que se habían asilado en Venezuela, y miles de voluntarios venezolanos.

Las fuerzas liberales rebeldes que habían iniciado la guerra en el Socorro, luego de sufrir varias derrotas, se aglutinaron en Cúcuta, en espera de los refuerzos, armas y pertrechos prometidas por el venezolano Cipriano Castro a Foción Soto, quien las traería desde Maracaibo.
En efecto, Castro envió desde allí más de 1.500 fusiles, un cañón, municiones y armas y dinero, y proveyó transporte en barcos para las tropas que, desde su país, se integrarían a la guerra. Y un año después, nuevas tropas de liberales colombianos y más venezolanos se sumaron a la guerra, entrando por el Casanare.
Simultáneamente, se crearon grupos guerrilleros liberales en Cauca, los Llanos, el Caribe, Panamá, Cundinamarca, los Santanderes, Boyacá y otras regiones de Colombia.
Entre el 11 y el 25 de mayo de 1901, conservadores y liberales se enfrentaron en la batalla más sangrienta de la guerra, la de Palonegro, en la que en 14 días los rebeldes fueron derrotados por las fuerzas de Marroquín. Este, sin embargo, al transformarse el ejército vencido en guerrillas, tuvo que soportar momentos dramáticos generados por éstas, lo que desató una terrible represión.

El ejército conservador, estaba mejor organizado y armado que las improvisadas guerrillas liberales las cuales pagaron cara la derrota. La guerra civil más cuenta de Colombia dejó una profunda herencia de odios y resentimientos entre liberales y conservadores que permanecieron durante muchos años.
Las consecuencias económicas sociales, y políticas fueron terribles, la industria se estancó, la Infraestructura del país destruida, la violencia que azotó a todo el país, afectó a la sociedad civil hasta con una escasez total y el encarecimiento del precio de los alimentos, aparte de la inseguridad incontenible en todo el país, con el consabido debilitamiento del Estado y de sus instituciones. ¡Dios libre a Colombia de otra guerra absurda!
