Promover la adaptación en el sudeste asiático

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Infraestructura y medidas de adaptación climática frente a inundaciones y calor extremo en el sudeste asiático.

Un análisis advierte que la región deberá fortalecer su resiliencia climática para proteger población, infraestructura y crecimiento económico.

El sudeste asiático enfrenta una creciente exposición a fenómenos climáticos extremos y requerirá inversiones significativamente mayores para fortalecer su capacidad de adaptación en las próximas décadas. Un análisis publicado por McKinsey & Company señala que casi la mitad del territorio y de la población de la región ya está expuesta a al menos un riesgo climático importante, incluyendo inundaciones, olas de calor, sequías e incendios forestales.

Según el estudio, alrededor del 10 % del territorio del sudeste asiático presenta riesgo de inundaciones fluviales, mientras que el 15 % enfrenta condiciones de estrés térmico. Además, aproximadamente el 23 % de la población vive en zonas con exposición significativa al calor extremo y cerca del 21 % se encuentra vulnerable a inundaciones relacionadas con ríos y zonas costeras.

La investigación destaca que la región ha desarrollado históricamente estrategias de adaptación climática, desde viviendas elevadas sobre pilotes hasta sistemas de refrigeración pasiva y estructuras de control de inundaciones. Sin embargo, advierte que las actuales medidas de protección siguen siendo insuficientes frente al aumento proyectado de temperaturas y fenómenos climáticos extremos.

Actualmente, el sudeste asiático invierte cerca de 12.000 millones de dólares anuales en medidas de adaptación climática. No obstante, alcanzar niveles de protección comparables con los de economías desarrolladas requeriría inversiones cercanas a 37.000 millones de dólares al año. Para 2050, bajo un escenario de calentamiento global de 2 °C, la inversión anual necesaria podría aumentar hasta 84.000 millones de dólares.

El informe señala que cerca del 80 % de la inversión futura estaría destinada a medidas relacionadas con protección contra calor extremo y sequías. Entre las soluciones identificadas aparecen sistemas de refrigeración, expansión de árboles urbanos, techos reflectivos, drenajes pluviales, sistemas de riego y barreras contra inundaciones costeras.

Expertos consideran que la adaptación climática representa no solo un desafío ambiental, sino también una oportunidad económica. El análisis estima que más del 80 % del gasto necesario en adaptación tendría una relación beneficio-costo superior a 3:1, especialmente en proyectos orientados a proteger infraestructura, cadenas de suministro, productividad agrícola y salud pública.

El sudeste asiático presenta vulnerabilidades adicionales debido a la alta dependencia de actividades económicas al aire libre, especialmente agricultura y turismo costero. Países como Indonesia, Tailandia y Camboya mantienen sectores agrícolas que representan entre el 8 % y el 15 % de sus economías, aumentando la exposición frente a eventos climáticos extremos.

El estudio también advierte que la región enfrenta importantes déficits de infraestructura en transporte, energía, agua potable, saneamiento y salud, factores que incrementan la vulnerabilidad climática de millones de personas. Asimismo, señala que el crecimiento económico por sí solo no será suficiente para cubrir las futuras necesidades de adaptación.

McKinsey concluye que gobiernos, empresas e instituciones financieras deberán trabajar conjuntamente para integrar la resiliencia climática en los proyectos de desarrollo, infraestructura y expansión urbana. La investigación subraya que incorporar criterios de adaptación desde ahora podría reducir costos futuros y proteger el crecimiento económico de una de las regiones más dinámicas del mundo.

Fuente: McKinsey & Company – Advancing adaptation in Southeast Asia

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